gastronomía y buena vida

2 de febrero de 2016

La Gabinoteca. Cocina directa y divertida.


Vaya si teníamos ganas de pisar La Gabinoteca. Como escribimos hace poco, el impulso final para acudir a este restaurante nos lo dio su creador y alma, Nino Redruello, cuando visitamos otro de sus lugares de acción, La Ancha. Tal y como concretamos con él, nos presentamos cuatro miembros de El Triclinium dispuestos a comer todo lo que saliera de esa cocina.





Nino, después de preguntar por posibles alergias o alimentos que no quisiéramos tomar, nos recomendó que dejáramos la comanda en sus manos. A alguien de esa altura gastronómica  sólo le puedes responder que adelante, no sin antes apuntarle que teníamos mucha hambre. No se quedó corto no.




Tuvimos la suerte de ser de los primeros en probar platos que acababan de ser incluidos en la carta y también fuimos afortunados por visitar La Gabinoteca un mediodía en el que podíamos ir varios. ¿La razón? Si hubiéramos sido dos no habríamos podido degustar tantas raciones distintas. También es conveniente apuntar que no creemos que este sea el lugar más conveniente para celebrar una comida o cena grande. El ambiente invita a otra cosa.



Acomodados y con el final de la primera cerveza comenzó el baile. Las primeras en llegar fueron las croquetas de jamón ibérico, bien calientes, melosas y finas, perfectas para el primer bocado.
Apuradas las cervezas decidimos que acompañaríamos la comida con cava. Escogimos un cava (cuyo nombre no recordamos ) a un precio más que razonable y servido en su punto perfecto de temperatura, de una extensa y variada carta de vinos.



Las alitas de pollo infiltradas nos hicieron meter la mano (y chuparnos los dedos) y el pastel de pescado ochentero nos evocó justo lo que Nino y su equipo quería que sintiéramos al probarlo: nuestra infancia. Todos los sentados a la mesa nacimos en el año 1984, todos comimos un pastel de nuestras madres/abuelas mínimo tan rico como el de LaGabinoteca.





Un inicio así puso el listón a un nivel complicado de superar y además aumentó nuestras ya de por sí altas expectativas en un restaurante ya clásico en Madrid pero que en su espíritu no cabe el conformismo.  Así , esperando seguir sorprendiéndonos, llegamos al foie, curado en sal durante 10 horas, y a unas espléndidas gyozas de ropavieja.





Si la primera receta con pescado fue un clasicazo, el siguiente bocado de mar fueron unas vieiras con pimiento confitado y pulpo churrascadito. En ambos casos la mesa fue unánime: suprema la fusión de sabores en el primer plato y sobriedad en el segundo. El pulpo se come tan rico en nuestra ciudad que se corre el riesgo de no valorar lo complicado que es acertar con el punto. También en esto cumple LaGabinoteca.




Esperábamos con ansiedad el potito, especialidad señera de la casa en el que se mezcla huevo, patata y trufa en un recipiente de cristal como el de los yogures (o potitos, de ahí el nombre) de los de toda la vida. No es lo más sabroso de la carta pero solamente la explosión de aroma que recibes al abrirlo merece la pena, y es que no sólo se come por la boca.



El bocata de calamares (y pimientos) fue otro regreso a lo clásico, al sabor de nuestro Madrid, previo a los platos principales, que en un principio pedimos por separado pero que finalmente también decidimos compartir. Comimos un pez mantequilla, elaborado a la bilbaína, imaginativo y de categoría, en contraposición al tartar de salmón, “el que hacemos en La Ancha” según la carta, mucho más sobrio y tradicional.







Otro tartar, de carne en este caso, convertido en hamburguesa y las carrilleras de ternera -“como las hace NINO”- pusieron el punto y final salado a una comida formidable. 
 


¿Y el postre? Tanto si vas en pareja como si es un grupo pequeño de amigos, lo más divertido y original es el Juan Palomo. El camarero pondrá en la mesa todo lo necesario para que compongas el postre a tu gusto. A nosotros nos quedó así:


En la sobremesa, ya con el local vacío, charlamos con Nino sobre sus muchos proyectos, algunos de ellos cerca de materializarse, y pudimos conocer un poquito más a uno de los cocineros más importantes de Madrid. Comer y vivir-Gastronomía y buena vida: su lema y el nuestro lleva implícita la misma filosofía. Sigamos disfrutando.

Si quieres repetir nuestra experiencia reserva mesa desde aquí...LA CONTRASEÑA

LA GABINOTECA 

Calle Fernandez de la Hoz 53, MADRID

Ticket medio: 25/35 e
COMPARTE ESTE ARTÍCULO: