gastronomía y buena vida

18 de agosto de 2015

Restaurante La Cabra: La Cabra tira al mar...


El nombre de las cosas es a veces lo que las determina. Los ‘juntaletras’ somos un poco obsesos de los términos, de los vocablos, de su historia, de su recorrido y de ese uso pasado y presente al que nos gusta ajustarnos. Si oímos la palabra ‘cabra’ nos acordamos de un animal jovial y saltarín, rememoramos a Heidi y Pedro perdiéndose en el monte, nos cuadraremos con la Legión y tararearemos una canción que todos tenemos en nuestra CPU interna y que es tan pegadiza como de mal gusto.


No recuerdo ya si la familia ‘tricliniumera’ preguntó al entrar el porqué del bautismo animal al local de la calle Fernando de Rojas 2, quizá porque lo acristalado del acceso hizo tambalear el órgano olfativo de más de uno. Entrada con trampa subsanada por la barra con alma y los quesos con esencia que despertaban los apetitos dormidos. Amplitud, luminosidad, estilo, diseño, buen gusto y servicio. En el amor y en la cocina el arte de cortejo siempre funciona, nunca pasa de moda. Nos gusta sentir que la rotación terrestre siempre se activa por nosotros. Y como segunda recompensa, una gran mesa, una gran vista. Esa cocina laboratorio de blancos y negros como padres de un colorido gastronómico de productos excelsos y manos expertas. Una orquesta muda en plena sincronía sin más melodía que la del trabajo coordinado y a tiempo.





Optamos por el menú degustación con el plus que otorga el prestigio de este blog. Pasamos del mar a la tierra sin pillar un ferry de Matutes. Materia prima de máxima calidad, desde la piel del rape hasta el hocico del cochinillo. Mimo, presencia y vida sin movimiento aparente. Así fueron desfilando los manjares bajo el palo del mejor vino. Lo que pasa es que esta es mi segunda reflexión culinaria y la primera me salió prohibitiva para los diabéticos. Esta vez solo endulzo a los postres. Ahora toca afilar con el canto del teclado y el difuso recuerdo.





De auténtica Champions las viandas abufandadas por las olas: la anguila, el berberecho, la cigala, el sepionet. Bien vestidos y mejor acicalados. Personalidad auténtica desde el ojo hasta la garganta. Presumen con razón en “La Cabra” de una innovación prudente en su cocina y aplaudo esa determinación. Una cosa es jugar con los sabores y otra travestirlos de manera aleatoria.







De zona media de la tabla los productos más mundanos, como el huevo,papada y foie, el cochinillo o esa panceta esférica de indefinición papilar que seguro opta por meterse en descenso. Con estos platos vistosos pero confusos te vas con la sensación de que había que completar la carta con ‘chicha’ para no dejar tanto mar y tanto salitre en la mesa.








Calorías medidas. Sabores consensuados. Sensaciones multiplicadas. Merece la pena sentarse a ver, a contemplar y a quedar enmarcado entre tanto bailarín nutritivo y sabroso. A los postres, más sofisticación. Sin un encuadre definido, como pixelando lo que uno quiere dar y el comensal quiere catar. “¿Está bueno? Está dulce’. Pues ‘palante’. Eso sí, el multiorgasmo que alcanzó la mesa con la orgía de cafés en copa de vino rojo todavía nos hace titilar las canillas. Caliente. Aromático. Presencial. Se veían los continentes africano y americano al agitar el manjar líquido y traslucido. ¡Hasta Juan Valdés se hubiese replanteado el negocio si hubiese visto esas copas!






Y hablando de vidrio, el fin de fiesta fue un hangar con gancho que nos llevó a un local neoyorkino sin coger el suburbano. Fue suficiente bajar unos peldaños empinados. Cocktails y bebidas espiritosas con chocolates de clase alta para poner guindas entre hielos y risas. El Tom Cruise de piel negra nos anfitrionó y mitigó nuestra sed. Todo para acabar una grata experiencia en la que otra vez salimos victoriosos: cocina de calidad y cariño a la hora de emplatarla. Los secretos en el mundo se cuentan con una mano, por eso es mejor ir de cara sin ambages: la cabra tira al monte, aunque esta vez en el mar tuvo su paraíso.




LA CABRA: Calle Francisco de Rojas 2 (MADRID)

Precio medio: Menú Degustacion 77 e (sin bebida)

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