gastronomía y buena vida

7 de abril de 2015

El Lagar de Arroyomolinos...

Una crónica de @hugoalguacil para @eltriclinium:


En ocasiones buscamos lejos de casa lo que tenemos a un paso. Más por desconocimiento que otra cosa, a la hora de celebrar algo o simplemente darnos un capricho gastronómico solemos obviar restaurantes que tenemos cerca simplemente porque la costumbre de pasar de largo por la puerta nos ha hecho habituarnos a ellos y, erróneamente, les dejamos de tener en cuenta.

EL LAGAR es uno de estos sitios, toda una joya situada en Arroyomolinos (Calle Carretera, 4) que debe ser parada obligatoria para los que, como nosotros, vivimos en el sur de la Comunidad de Madrid pero que bien vale una visita desde puntos más alejados de la región.


El Lagar está abierto los siete días de la semana en el turno de comidas pero de lunes a miércoles cierra sobre las 18 y no ofrece cenas. De jueves a domingo sí funciona a pleno rendimiento, sobre todo las comidas del fin de semana, cuando es imprescindible reservar mesa.
Bien, contextualicemos nuestra visita. Comida de lunes, cinco personas y una alegría laboral que festejar. El local no puede concentrar más encanto y gusto en menos espacio. Tampoco es pequeño, ojo, pero puede parecerlo al lado de otros ilustres de la zona como La Ricarda o, sobre todo, La Fuencisla.







Con apenas la mitad de las mesas ocupadas, en el comedor se respiraba cierta paz. El dueño, Julián Castellanos, atiende y ubica en persona, relajado, sin las apreturas y el trajín que tenía justo 24 horas antes.






El día acompañó y después de un par de cervezas en la terraza, acompañadas con su correspondiente pincho -especialmente ricas las croquetas-, la comida se encara de otra manera.
Después de echar un vistazo a la carta decidimos ponernos en manos de Julián. Una vez se aseguró de que ninguno tenemos alergias ni fobia a algún alimento, su experimentada cabeza diseñó un menú de altura regado por un vino también de categoría.


Comenzamos con una entrada individual compuesta por un huevo frito de codorniz, patatas fritas, chorizo y morcilla matachana. A pesar de lo que pueda parecer, no fue ni mucho menos un bocado contundente. La ración era perfecta para abrir boca.


El primer entrante al medio fueron unas anchoas en aceite de oliva acompañadas por guindillas troceadas, emulsión de tomate y pan tostado. Julián nos comentó que cada pieza es limpiada por ellos mismos. Se notaba. Qué intensidad de sabor, qué gran manera de arrancar.
Seguimos 'comiendo mar' con unos chipirones a la plancha y alioli. La culpa de que siguiéramos hablando de las anchoas no la tenían ellos, que estaban buenísimos, sino ellas, que eran de Champions League.






De máxima competición europea, si nos permiten continuar con el símil futbolísitico, fueron también las mollejas de cordero lechal. Cocinadas con un oloroso, nos faltó tiempo para pedir más pan. Todos lo comentamos, hacía tiempo que no comíamos unas mollejas así. Incluso puede que nunca las hayamos comido tan buenas. "¿Cómo no vinimos antes?" era la pregunta que se repetía en mi cabeza a medida que los platos iban volviendo limpios para la cocina...


El cúmulo de sabores y texturas de la ensalada fresquísima con la que continuamos venía al pelo este día soleado y primaveral. La mezcla entre el 'verde', la fruta -piña, naranja y frutos rojos- y el foie resultó de lo más sorprendente para alguno de los comensales.



Un taquito de lomo de bacalao en tempura con brotes de lechuga y alioli fue la antesala del tremendo chuletón fileteado, servido muy poco hecho en un plato a muy alta temperatura, perfecto para aquellos que les gusta pasada. Sí, existe gente así y hay que quererlos.






Agradecemos enormemente la deferencia que tuvo Julián con El Triclinium al servirnos una degustación de sus postres de forma individual. El 'momento postre' suele ser delicado para nosotros pues solemos compartir y si parpadeas te quedas sin ellos. Ya era hora de poder disfrutarlos sin presión. Coulant de chocolate, torrija, tarta de queso y una bola de helado de vainilla. ¿El mejor? Complicado decidirse pero quizá la torrija, por aquello de ser la época, pero sólo por eso. Sus acompañantes estaban de 10 también.






La comida fue regada por dos botellas de verdejo de Rueda Castello de Medina y una de tinto Ramón Bilbao, y finalizó con un café muy especial, pues estaba aderezado con una ramita de canela.
Como seguía luciendo el sol y había pocas ganas de marcharnos decidimos alargar la sobremesa en la terraza con una copa. En El Lagar es obligatorio tomarse un gin tonic y no perderse su elaboración. Una 'piedra' de hielo con limón y romero en su interior, corteza de naranja, ginebra sevillana Wint & Lila y un toque de haba tonka. Imposible mejor colofón para un restaurante sobresaliente.







Si quieres repetir nuestra experiencia reserva mesa desde aquí...EL LAGAR

EL LAGAR DE ARROYOMOLINOS C/ Carretera 4, Arroyomolinos (Madrid)

Precio Medio: 30/40
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